El Recolector de Sueños

Hay personas que guardan cosas, que las coleccionan. Acaparadores, creo que le llaman. Tazas, periódicos, platos, discos, ropa, todo lo guardan. No se pueden desprender de ellos, es como si esos pequeños objetos sin valor propio se volvieran parte de ellos, la parte a la que nunca más acudes pero siempre piensas que en algún futuro tendrá alguna utilidad.

Cuartos llenos de tesoros basura. Periódicos, que relatan noticias que en sus días eran relevantes, hoy nadie las recuerda. Fotografías que el tiempo ha borrado y ya no se puede ni distinguir rostros ni historias. Todo es recolectado con el paso del tiempo y con la esperanza de volver a valer algo el día de mañana.

Todos tienen estos lugares donde guardan sus cachivaches, algunos tienen cajas de zapatos, otros cajones, otros en algún rincón de su clóset, algún cuarto de la casa o la casa completa. Yo no tengo esos lugares secretos, porque yo no colecciono cachivaches. Yo colecciono sueños.

Tengo una cajita de cigarros de El Faro, una cajita colorida, vieja, que rechina cada vez que la abro, pero en ella están todos los sueños que he recolectado, eso sí, ninguno mío. No es que no quiera guardad mis propios sueños, es que en realidad yo nunca he soñado. Todas mis noches son oscuras y sin guía. Cierro los ojos y ahí termina todo, lo siguiente que sé es que ha salido el sol y es hora de despertarme. En ese tiempo no me toca ver nubes, acariciar mujeres, ser el héroe de una historia absurda. Nunca he ido a esa tierra donde lo imposibles es sólo una palabra en el olvido y posible una realidad. Yo no sé lo qué es soñar, pero he visto muchos sueños.

Todas las noches, a las cuatro de la madruga, salgo a caminar por la ciudad. Al pie de todos los edificios me dedico a recolectar la cosecha de algodón que han plantado los borregos que se han dedicado a saltar toda la noche. Agarras un sueño por aquí y lo pones en una bolsa, luego agarras otras por allá y loa metes en la bolsa. Sé que los sueños no se van a mezclar, siempre han sido tímidos y cuando ven a otro se esconden y nunca se presentan, por eso son tan especiales. Siempre se mantiene tan únicos, fieles a sí mismos a pesar de pasar todo el tiempo con rodeado de otros sueños tan maravillosos.

Al terminar mi jornada regreso a mi casa, busco debajo de mi cama la pequeña caja de El Faro, saco todos los sueños que he guardado, los pongo en la cama, en el sillón, en mi mesa. Los observo todos. Cuando los tengo entre mis manos dejan de ser tímidos y puedo ver el sueño de alguien más, sentir que por fin puedo volar, ser Batman, ganar la copa mundial, ser todo lo que los demás sueñan; puedo soñar.

Cuando el sol está por salir recojo todos los sueños que tengo, esas cosas que puedo llamar mis sueños y las meto en su caja descolorida. Los escondo debajo de mi cama por si alguien entra a robar, me meto a la cama y me voy a dormir, sabiendo que todo lo que veré hasta despertar será el color negro. Pero siempre tendré mis sueños en su cajita, para mí nunca dejaran de tener valor, no los guardo por nostalgia, los guardo porque sé que otras personas se van a olvidar de ellos, que serán la basura que recolectaron mientras dormían, pero para mí son el tesoro de lo que sólo podré tener en la cajita de El Faro.

A. J. T. Fraginals

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