Lapsos

Y despertar y levantarse y hacer lo que todos los demás hacen. Esta estúpida costumbre de amanecer otra vez día a día, de volver a empezar, de vivir a lapsos; rascando lo que podemos de cada ciclo que nos inventamos. Y pensar que qué jodido es todo esto pero ni modo y hay que bañarse y esperar que salga un poco de agua caliente y ser cuidadoso mientras nos bañamos, porque uno puede verse hecho mierda, pero al menos no debe oler como ella.

El protocolo marca que uno debe desayunar (cuando puede hacerlo) y tomo lo que sea y en cada bocado te encuentro. El café despide ese inquietante aroma que tanto me recuerda a aquellas tardes en los cafés, aquellos a los que llegábamos esperando que la vida fuera menos aburrida, y vaya que lo era. Entre taza y taza se asomaba tu mirada como una invitación a descubrir que la vida vale la pena ser vivida y no todo se reduce a regaderas frías y tampoco a esta puta necesidad de trascendencia ni la obsesión de buscarle formas al tostado del pan. Darle un último sorbo al café haciendo ese horrible sonido que tanto odiabas y que siempre me reprochabas y que de tanto en tanto evocaba a alguna pelea o discusión efímera en la que siempre terminábamos hablando de Juan o Pedro o cualquier otro que te pretendiera pero siempre regresabas a mi casa y a los besos y al vodka, y pues eso.

Y seremos tontos o idiotas pero al menos nunca fuimos víctimas de la ingenuidad. Nunca dejamos de pensar que cada vez que nos tomábamos de la mano le estábamos demostrando al mundo y a la puta vida que todos están equivocados, que el bienestar es alcanzable y la perfección existe en pequeños momentos como aquellos. Que el cielo no estaba oculto en algún lugar aún inalcanzable para el ser humano, sino que la apoteosis estaba dentro de lo que buscábamos mientras estuvimos juntos. Uno no ama a alguien por moda o por necesidad, sino por una (tal vez) falsa creencia que cierta gente se hizo cargo de insertar en el logos compartido, que consiste en que la perfección sólo se alcanza a través de la unión con alguien más.

Y tal vez sea cierto. Tal vez sigamos siendo una mierda mientras estemos solos y sólo estando juntos es como llegamos a aquello a lo que el homo sapiens está destinado. Imaginando que esté destinado a algo, carajo.

Me termino el pan tostado que como para el desayuno y me voy a trabajar y luego a hacerme pendejo un rato, ya sea leyendo algún tonto libro o jugando algún videojuego, yo qué sé. Y llega la noche y ya vendrá alguien a beber conmigo, a acabarnos una botella de whiskey y hablar de lo jodida que está la literatura mexicana y que deberíamos de hacer algo al respecto pero todo lo que se nos ocurre es fundar una revista donde publiquemos poemas cuentos fotos pensamientos etcétera pero pues qué hueva porque eso es lo que todos hacen y a final de cuentas todos somos tan pinches malos escribiendo que no hay nada que hacer al respecto.

Y dormir. Dormir borracho para no pensar. Para que tu ausencia no me sepa mientras miro el techo tumbado en una cama, o en un sillón, o tal vez abrazando el escusado. Tal vez en la peda me acuerdo de ti pero al menos al día siguiente no tengo ningún recuerdo de ello. Y me despierto y de nuevo a empezar otro puto ciclo, y me preparo más café, al fin que siempre me termina sabiendo a ti. Y creo ya fue suficiente, y levanto el teléfono y te marco y te digo que te amo y te necesito y la apoteosis y es que uno tiene que aspirar a algo, coño.

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About Rodrigo Javier Martínez

Abogado por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Twitter: @untalroy
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