Posar

Presioné el obturador, la luz entró hasta la cámara oscura. La imagen quedó grabada para siempre. Era ella de perfil, sonriendo, despreocupada del mundo, viendo dos cachorritos jugando en el parque. 

-¿Por qué siempre les tomas fotos cuando no te ven? Ve, háblales, seguro te dejan que les tomes unas. 

-Así no funciona. 

-¿Por qué?

-Porque lo saben y posan. Ya no son ellas, son sólo una pose más. Cállate y mira.

Otra mujer se acercó a los cachorritos, era la dueña. Las dos se pusieron a platicar como si fueran amigas de toda la vida. Se sonreían, se contaban chismes, preocupaciones, se daban consejos y no sabían ni cómo se llamaba la otra. Eso es lo que más me gusta de ver a las personas cuando piensan que sólo las ven desconocidos que no les importa en lo más mínimo lo que hacen, y que lo más probable sea que en cinco minutos ya hayan olvidado haberlas visto. Se sentían libres, ligeras. Se sentían ellas. Todo era natural. Sin disfraces. Estaban desnudas. Nada cubría su risa, sus ojos y su alma. Presioné el obturador de nuevo. 

-Mira, por eso las fotografío cuando no me ven.- le dije mientras le enseñaba la foto que acababa de tomar- Es inocencia pura, esa inocencia que sólo vemos en los niños y de vez en cuando, muy de vez en cuando, se le escapa a un adulto. Es raro verlo, pero esas son las fotografías que me gustan.  

-Estoy seguro que si les preguntas te van a dejar tomarles fotos y podrán salir mejor que las que tomas y sin necesitar un objetivo tan grande. 

-No. Ya te dije, en el momento en que saben que las vas a fotografiar se protegen y ya no son ellas, están posando. Quieren salir bien, que le tomes su mejor perfil, que si la luz está bien, que les brilla mucho la cara, que cerró los ojos, que su sonrisa se ve rara, que le tomes otra foto, que ella salió bien pero su amiga no o viceversa. Terminaría tomando demasiadas fotos y en ninguna de ellas saldría natural, siempre estarían posando, preocupándose por cómo las veo. En cambio, si las veo así: de lejos. Y ellas ignoran lo inocentes que se ven y como recuperaron la tranquilidad de niños. Si supieran lo felices que se ven si no se preocupan por nada más que disfrutar lo que tienen enfrente. Como niños persiguiendo una mariposa amarilla en el parque sin darse cuenta de lo que su sucede a su alrededor y que pueden dejar que su felicidad amarilla siga volando sin importarles, mientras ellos ya están dando vueltas entre las hojas secas donde el cachorro de un Husky estaba jugando plácidamente. 

-Sí, entiendo lo que dices. Pero no logro entender por qué tienes que tomarles fotogra… – Lo interrumpí al tomare una fotografía en el momento más inesperado y, al parecer, incómodo para él.- ¿Qué haces?

-¿Qué crees?

-Sí, tomarme una fotografía. No soy estúpido. Pero para qué. 

-Mira.

-Jajaja. Si de verdad me viera así todo el tiempo, ni mi madre me querría. 

-Exacto. Y te vas a ver así todo el tiempo.

-No es cierto, yo no me veo así.

-Tú no, la fotografía. Este “yo” tuyo que tengo entre mis manos será así por siempre.

-¡Bórrala!

-Por eso las fotografío y no simplemente las miro. Ya te dije que es muy raro ver esa inocencia tan pura en adultos. Es como si mientras más creciéramos y más nos preocupáramos por la vida, menos nos sorprendiera ésta y más difícil nos fuese ser felices. Ya no nos fascina la mariposa amarilla. Ahora necesitamos estar a la vanguardia en todo y todo cambia tan rápido que no disfrutamos lo que somos porque ya estamos pensando en qué vamos a ser. Ya casi nadie se sienta en un café en el centro para fumar, tomar y ver la gente pasar. Ahora todo es para llevar, lo tomo en el camino, lo fumo entre tragos. Me gustan las fotografías porque son inmunes al tiempo. La imagen no cambia, tu “yo” siempre estará ahí, recordándote ese momento y sabes que nada va a cambiar. Sé que cuando ella se vaya del parque no va a recordar ese momento de inocencia, pero yo sí y esa imagen nunca se va a marchitar. 

La dueña de los cachorros los regañaba porque jugaban con una mariposa amarilla. Y la otra iba hablando por el teléfono con el ceño fruncido y ahogando groserías. 

A. J. T. Fraginals

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