Puen-tes

¿Nunca te has puesto a pensar de dónde surge todo esto? ¿Cómo es que nos encontramos y empezamos a sentir esto que de alguna forma u otra empezamos a llamarle como lo hacemos? ¿Y qué es esto que somos, si es que somos?

Mira, que esto que somos es tal vez tan poco comparado a lo que esperamos. Yo no sé qué esperas de mí y yo de ti casi ni espero. Tal vez no debería de indagar sobre esto, y mucho menos escribir al respecto, pero ya sabes que soy de esas personas a las que les molesta que sea año bisiesto o que los carros sean rojos y no de cualquier otro color.

El punto es que de ti espero tan poco, y es que es tan poco porque a final de cuentas es todo. Lo que quiero es justo esto: que entiendas que a mí me gusta a tomar el té a las cinco y que sólo te voy a tomar de la mano en los momentos en los que lo crea necesario. Nunca seré ese que sepa comportarse en una Iglesia, ni dejaré de escribir ni de fumar ni mucho menos de tomar. Lo bueno es que esto creo que no lo esperas.

Entonces yo lo que espero es que esto que somos o que pretendemos ser, sea, a final de cuentas, todo. Que no esperes nada que yo no sea. Que sepas que si te escribo un poema y nunca te lo enseño es porque te amo. Y sé que te amo porque a diario te termino escribiendo en secreto.

Lo que me parece curioso del asunto es cómo empezamos con esto. O cómo y cuándo decidimos ponerle nombre al asunto. Ambos estaremos de acuerdo en que, como dijo alguien que no recuerdo cómo se llama, amar es, a final de cuentas, decidirse a dar ese último salto, corriendo el riesgo de caer en un profundo precipicio. Siguiendo esto, en algún punto del tiempo reciente tanto tú como yo decidimos, tal vez no al mismo tiempo (o tal vez sí), dar ese saltito que a final de cuentas nos tiene de éste otro lado intentando construir un puente entre nosotros que siempre nos mantenga en contacto.

Puentes. Puentes. Puen-tes. Siempre me cuesta trabajo encontrar las palabras correctas para éstas abstracciones. En fin.

Imaginemos que éste puen-te ya está construido (y lo está). Cuando dos personas construyen un puente entre sí, es una práctica común el nombrarlo. Y así es como empiezan los “te-quiero” que a final de cuentas siempre son simulacros de los “te-amo”, a los que siempre llegamos. Entonces diríamos que esto que creemos que somos (so-m-os) es dos personas que se encontraron y construyeron un puente entre ellos al que comenzaron llamando te-quiero y terminaron llamando <<te-amo>>.

Y pues eso.

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About Rodrigo Javier Martínez

Abogado por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Twitter: @untalroy
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