No Te Volveré a Escribir

No te volveré a escribir, ¿sabes? Porque evidentemente no me leerías. Tú ya estás allá, tan fuera de mi vida, y yo no pienso dejar la puerta entreabierta, como suelo hacerlo, para asomarme por la rendija a ver si se te ocurre rondar allí afuerita. A ver si se me ocurre a mí, invitarte a pasar.

No quiero verte, ni pensarte, ni buscar de nuevo el pretexto ideal para cruzar por tu cotidianidad, como quien no quiere la cosa, por si acaso vislumbro, a lo lejos, ese andar tan falsamente genuino, tan meticulosamente espontáneo, del que eres dueña.

Tu sonrisa me llevó hasta mi tristeza y tu cielo no fue más que la antesala de este infierno que creé. Es por eso, niña hermosa, tan bendita y desgraciada, tan querida y tan odiada, que no te vuelvo a escribir. No de nuevo.

¿Por qué buscas humillarme? Si ya te has ido, ¡vete pues!, y te llevas a tu ausencia tan presente en estos días, que habita en el reloj que mire. El que sea. Llévate todo rastro que quede de ti; dile a tu recuerdo que no me persiga a través del calendario, que no me tome de la mano cuando voy por el parque, ni deje que me aferre a su cintura.

No te volveré a escribir, porque ya me harté de ver tu gesto cada vez que lees mis cartas, que jamás te he enviado, pues sé que no te importarían. Es tan absurdo e innecesario que te hable todo el día como si estuvieras. Peor es planear nuevas citas para el mes, si la historia que te cuento no pasó, y ya es pasado. Estoy harto de no vivir mi vida, porque vivo la nuestra como si compartiéramos el mismo anhelo, cuando en realidad es sólo mío, y mi vida, tuya.

¿Qué afán de robarme la mirada? Sí, te combina con todo, lo sé; lo he visto. Lleves falda, shorts o pantalón, estés en pijama, arreglada o desnuda, mi mirada siempre es tu accesorio favorito. ¿Qué te he hecho para que seas la protagonista de todos mis paisajes? Yo siempre veo tus ojos; tú siempre me viste la cara. Es por eso que no te volveré a escribir. No lo mereces.

Sí, sí, ya lo noté, no soy tonto. Aquí estoy escribiéndote de nuevo, cayendo en el más inocente de los tropiezos. Ideando un nuevo plan para olvidarte; descubriendo después que dicho plan fracasó desde el momento en que fue creado. Pero pronto encontraré la forma de no saber quién eres, de escuchar tu nombre y no ver tu rostro, de traer mi mirada de vuelta al lugar en el que yo esté. Sólo quiero decirte, y dejarte ahora sí bien en claro, que ésta es la tercera, la única y la primera última vez que te escribo.

No te volveré a escribir…

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