Helena

J.

De qué me sirve tener imaginación si no te puedo imaginar. De qué me sirve tener memoria si no te puedo recordar. No puedo recordar cómo era tu risa, tu voz, cuáles eran tus distintas sonrisas y en qué momento deseabas usar cada una, no puedo recordar cómo caminabas, de qué forma movías los ojos cuando un idiota como yo trataba de llamar tu atención, ni qué brillo era el que tomaban cuando te perdías absurdamente soñando cómo sería tu vida con aquel chico de la esquina. Te sé, pero no te puedo recordar.

Sé cual es el color de tus ojos, pero no puedo recordar tus ojos. Sé de los hoyuelos que se te forman cuando sonríes, sé que sólo sonríes de esa forma para las fotografías, porque tú me lo dijiste, pero yo no me acuerdo. Sé de tus lunares, de tu piel, de las heridas de guerra que te dejaron las batallas con tus propios demonios. Sé eso, eso y mucho más sé. Pero no recuerdo nada.

El problema no es que no te pueda recordar, sería magnífico recordarte, pero nunca me gané el derecho a que parte de ti se quedara refugiada en mi memoria. El problema realmente es que no te puedo imaginar. No tengo el valor para imaginarte. Sé como eres, física y emocionalmente, pero no puedes habitar mi imaginación. Es como hacer un fútil ejercicio:

Primero recuerdo tu nombre, pequeña Helena. Tu nombre empieza a resonar sin parar en mi mente. Luego, como un viejo artesano moldeando su barro, yo te empiezo a moldear con las manos de mi memoria. Primero agarro un poco de barro, quitamos todos los sobrantes para que quede la imagen de la mujer. Aquí es donde empieza el problema, aquí es donde todo se vuelve fútil. Helena, no te puedo recordar, y si no te puedo recordar cómo voy a dibujarte en mi figurita de barro. Sé que no te puedo recordar, que en las imágenes tuyas no está esa carga emotiva y semántica tan importante que tienen los recuerdos. Te veo, pero verte no trae ninguna emoción, ningún significado. Verte no revive ninguna cicatriz en mi corazón. Te sé. Puedo intentar dibujar en la figurita de barro aquello que te sé. Lo intento, lo hago. Parece ser otra, no tú. Lo vuelvo a intentar dibujando otras cosas que te sé. De nuevo es otra, no tú. Empiezo a creer que saberte no es suficiente como para imaginarte. Saberte es tener otro dato inútil más en mi cabeza.

Después de dibujarte en mi figurita de barro con todas las combinaciones posibles de lo que te sé empiezo a creer que para dibujarte necesito recordarte. Aquí está el problema: saberte es frío, tonto, absurdo, metódico, sistemático y casi casi robótico. Mientras que recordarte es amarte, pasar lista a las emociones existentes y hasta inventar otras de nuestro propio dominio, recordarte es que cada tontería como la palabra “banana”, el aguacate, el sushi y otras más me lleven a ti, de nuevo a tus brazos, a estar escondido bajo tu mirada, porque sé que ese momento no existe y que nada en este mundo podrá capturar la belleza de tu mirada, por eso es que me escondo bajo ella, porque no la puedo ver. Recordarte es eso, recordarte son todas aquellas tonterías que pensé viéndote, aquellas estupideces que hice pensando que me ibas a querer. Recordarte son aquellas cosas que tenían un significado especial para ti y para mí. Recordarte es vivo, cálido, emotivo y lleno de significados. De ti no quedó nada cálido ni emotivo, sólo lo frío, tonto, absurdo y metódico de ti.

De ti no hay nada emotivo como un recuerdo, sólo hay datos, sólo hay conocimiento. Tengo mil y un figuritas de barro regadas por la casa, todas y cada una de ellas con datos de ti. Pero ninguna se parece a ti. Todas saben algo de ti, pero ninguna eres tú, son otras tratando de ser tú. Algunas tienen algo que se parecen a tus ojos, otras a tu sonrisa, otras a tus hoyuelos, otras a tu pelo. Pero sólo son un desfile de datos tras datos, en ninguna veo el brillo que veía en ti. Es que eso es lo que me queda de ti: datos.

Me gustaría poderte recordar, que memorias tuyas habitaran mi mente día y noche.  Me gustaría que fueras algo más que datos en mi cabeza. Me gustaría que fueras recuerdo, que fueras imagen, que fueras fuego y no hielo. Me gustaría. Me gustarías. Pero sólo eres un dato más, tan útil como saber qué Alicia inspiró a Alicia en el País de las Maravillas.

A. J. T. Fraginals

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