Pölsa

bosque-oscuro FINAL

Estaba con tres amigos en una de esas hamburgueserías gringas junto a la carretera. Los cuatro comíamos hamburguesas de forma monótona. Entonces vi a esta chica que no estaba mal pero que tampoco estaba bien y que me miraba. Sus ojos eran muy negros, su cabello era café y su piel era blanca. Ella también iba con otros tres amigos, que no eran mis amigos, pero que también comían hamburguesas monótonas.

La chica me miraba y le decía cosas sospechosas a su compañero de al lado. No sentía buenas vibras, pero le resté importancia porque estaba comiendo, y uno no quiere pensar mucho cuando come.  Ellos terminaron de comer y se perdieron por la carretera en un coche tan negro como los ojos de la chica misteriosa. Luego terminamos nosotros e hicimos lo mismo en nuestro coche azul.

Yo iba manejando. La carretera era de esas en las que sólo hay un carril de ida y uno de vuelta. Por lo tanto era de esas carreteras en las que te la pasas rebasando camiones todo el viaje. Después de 15 minutos de carretera alcancé al coche negro donde viajaban nuestra chica misteriosa y sus tres amigos. Iba muy lento y eso me molestaba, así que decidí rebasarlo.

La carretera ya estaba en una zona montañosa, con mucho bosque a ambos lados y muchas curvas peligrosas. Tenía que rebasar rápido y con cuidado. Después de dos curvas era momento justo para hacerlo, así que aceleré y me pasé al carril contrario para intentarlo. Fue en ese momento cuando el coche negro aceleró y me impidió el paso.

No lo habrá hecho a propósito – pensé.

Pasaron tres minutos y lo volví a intentar. Aceleré y cuando estaba a punto de lograrlo el coche negro volvió a acelerar para evitar que lo rebasara.

Esto ya no es normal – pensé.

Cada vez que intentaba rebasarlos, ellos aceleraban lo necesario para impedirlo. Entonces yo regresaba a mi lugar y en ese momento bajaban de velocidad para seguir rompiéndome las pelotas.

Pasó un buen rato así. Yo ya estaba resignado. Supuse que se aburrirían y dejarían de molestar tarde o temprano. Al final terminarían acelerando o me dejarían pasar. Daba igual.

Así que yo sólo conducía a 30 km/h  detrás de aquel coche negro como si no me importara. Era un lindo paisaje, ya era de noche y se podían ver las estrellas. La mayor cantidad de estrellas que hubiera visto jamás. A los lados de la carretera sólo había bosque, árboles y más árboles. Entonces me di cuenta que el conductor del coche negro me estaba haciendo señas para que lo rebasara. Era la chica misteriosa.

– ¡Por fin! –  Exclamé.

Aceleré lo más rápido que pude, me cambié de carril y lo primero que vi fue otro coche a toda velocidad viniendo hacía mí: todos gritamos. Alcancé a ver perfectamente a las personas que iban en el coche contrario: el papá manejaba, la mamá iba en el asiento del copiloto y había un niño como de 6 años en el asiento trasero. También gritaban desesperadamente. Yo no podía hacer nada. Todos cerramos los ojos. Lo último que escuché fue el crujir del metal, gritos humanos y una gran explosión o algo así.

Cuando desperté estaba tirado a la mitad de la carretera. Veía borroso. Alcancé a escuchar  voces humanas. Traté de enfocar mi vista y logré ver gente cargando cuerpos. Estarán ayudando a los heridos – pensé.

Me levanté. No tenía ni un rasguño. No me había pasado nada. Mi pantalón estaba roto y sucio y no tenía playera. (?)

Había, a dos metros de mí, lo que parecían ser los restos de un coche. No reconocía si era el mío. Había mucha “basura” en el pavimento y toda clase de fluidos. También había ropa tirada. ¿Qué pasó con mis amigos? Los busqué pero no encontré a nadie. De hecho, en lo que me recuperaba del asunto me di cuenta que estaba completamente solo.

Me pareció extraño porque yo creía haber visto personas caminando y ayudando a los heridos hace tres párrafos… o tal vez lo imaginé. ¿Qué tan válido es imaginar cuando de todas formas uno está soñando? Me invadió la paranoia. Sentí que alguien me vigilaba. Tenía que hacer algo.

Lo primero que tengo que hacer – pensé – es hacerme a un lado.

Así que salí de la carretera y me metí al bosque (¿por qué no?). A los pocos segundos ya estaba perdido. Sólo había árboles alrededor de mí. Yo no pensaba bien, pero pensaba bien para saber que no pensaba bien. Tenía la impresión de que lo que pasaba no era “real”. Así tiene que ser cuando te sucede un accidente – pensé – y sin embargo me está sucediendo ahora. (?)

Escuché gritos:

– ¡Ayuda! ¡Ayuda!

Vi una silueta humana no muy lejos de mí, entre todo ese bosque. Era la señora de la familia con la que había chocado. Estaba toda quemada, malherida, chamuscada. Se veía más confundida y paranoica que yo. Me traté de acercar, pero era difícil porque todo estaba oscuro. Lo único que veía eran siluetas.

–  ¡No se mueva! – Grité.

– ¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayu

Interrumpió su último grito de forma seca y se cayó al suelo. Algo le había pegado. Entonces vi las otras siluetas humanoides, pero eran como aliens o algo perverso. La rodearon extrañamente y se la llevaron, dejando su ropa por ahí.

Algo no andaba bien. Me puse paranoico y corrí lo más rápido que pude en la otra dirección. Después de correr a ciegas un rato pude ver a lo lejos un pueblito.

– Estoy a salvo – pensé – Entonces me desmayé.

Desperté en un hospital. Estaba en un cuarto bastante pequeño. Aún así había una tele, un sillón y un baño muy reducido. Creo que estaba viendo Friends. Tenía un par de cables conectados a mis venas. ¿Qué estaba yo haciendo en un hospital? Me quité los cables con facilidad. Vi mi ropa tirada por el piso, me levanté de la cama y me cambié. Salí del cuarto como si nada hubiese pasado.

Encontré la salida relativamente fácil. Salí del hospital y me cegó la luz del sol al cruzar la puerta. Estaba en un pueblito. Era muy lindo y tenía casas de todos los colores. Todo el mundo te sonreía en las calles. Había gente paseando a sus perros, niños jugando y tranquilidad en el aire.

Llegué a la zona de comida rápida. Era enorme y había comida de todo el mundo. Tenía un pasillo muy ancho y largo por el cual la gente caminaba. A los lados del pasillo estaban todos los puestos de comida que uno se pueda imaginar. Era hermoso.

De pronto escuché que alguien me gritaba:

– ¡Iker!

Me di vuelta.

– ¡Por aquí! – me gritó.

Era Alexandra. Estaba vendiendo comida somalí en uno de los puestos.

– ¿Cómo estás? – me preguntó.

– Bien.

– No hay comida para romper el ayuno del ramadán.

– Bueno.

– Pero robé un poco de pölsa del puesto sueco, ¿me compras?

Le compré pölsa y me fui a caminar por ahí.

Uno no quiere concentrarse mucho en cosas relevantes cuando está comiendo, así que me senté en alguna banca y me distraje con el paisaje. A lo lejos podía ver amplios bosques repletos de montañas y viceversa. ¿Por qué los poetas siempre usan mirlos cuando escriben?, ¿por qué no tucanes?

Entonces recordé el accidente: ¡No debería estar aquí! ¿Qué habrá pasado con todo? ¿Mi coche? ¿Mis amigos? ¿La otra familia?

Tiré mi comida y salí corriendo en dirección al bosque para intentar averiguar algo. Cuando llegué ya era de noche. Me sentía perturbado. Tenía vivos recuerdos de la noche anterior y de las figuras humanoides rodeando a la señora como cucarachas o buitres o algo. ¿Por qué rayos había regresado? Tal vez debí venir de día – pensé.

Bueno, tenía que averiguar qué coño. Caminé por el bosque sin saber muy bien lo que estaba buscando. De esto se tratan las cosas – pensé – Uno tiene que buscar aunque no sepa si encontrará. Ni siquiera sabemos lo que buscamos, qué patético.

Empezó a oler a quemado. Miré a mi alrededor para ver si veía fogatas o alguna luz que le diera sentido a todo, pero todo eran siluetas y bosque. Además la neblina no me dejaba ver mucho. La oscuridad se metía hasta por la cuenca de mis ojos. Yo llevaba no sé cuánto caminando y me empezaban a doler las piernas. Más tarde me di cuenta que lo que olía a quemado era yo. Al parecer estaba algo chamuscado. Tampoco tenía ropa. No me reconocía del todo. Miré mis manos y vi mis uñas pintadas. – ¿Es esto real? –  Mientras caminaba tropecé con algo brillante: una botella de cristal que se hacía visible con el brillo de la luna. La miré y vi en ella mi rostro pobremente reflejado, pero no era mi rostro, estaba algo quemado y sin sentido. Me había convertido en la señora del accidente.

– ¡Ahí está! – gritó un voz.

– ¡Esta vez no se escapa! – dijo su compañero.

Supuse que tenía que empezar a correr en algún sentido, tal vez le daría sentido a las cosas. Mi corazón latía demasiado rápido y mis piernas no respondían. El miedo me rodeó y se abalanzó sobre mí como un tigre o un lobo. Yo ya no estaba cerca de nada. Sólo escuchaba las risas de cuatro jóvenes perversos persiguiéndome, cada vez más cerca.

Desperté amarrada de mis cuatro extremidades. El calor de la fogata me tranquilizaba un poco, aunque sabía que lo peor estaba por suceder. Será porque siento que ya estoy despertando – pensé.

En frente de mí, alrededor de la fogata, estaban los cuatro amigos de la hamburguesería. Cada uno comía pedazos de carne y dejaba los huesos a un lado. Parecía pollo o cerdo.

– Nos costó mucho atrapar a la señora – dijo la chica de ojos negros.

– Pero debe estar muy rica – dijo su compañero.

– Los que estaban deliciosos eran esos cuatro tontos que nos comimos anoche – dijo otra voz – provocar accidentes para comer es lo mejor que se nos ha ocurrido.

– Además en el pueblo nos pagan por llevarles las sobras – dijo la chica de ojos negros – creo que las venden en forma de pölsa.

Y esa fue mi pesadilla de anoche. Felices vacaciones.

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Biology student. México.
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2 Responses to Pölsa

  1. Anonymous says:

    Me gustaría soñar algo la mitad de interesante, yo cuando duermo siento que nada más pierdo el tiempo.

  2. Anonymous says:

    Me perturbó mucho y quería que lo supieras.

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