Despedida

– Me imagino que esto es un “adiós y gracias”, ¿no?

Tus ojos se llenaron de lágrimas al escuchar mis palabras. Cualquiera diría que mi intención no era lastimarte con lo que te dije, y algún otro afirmaría que tú tampoco buscabas derrumbarme con tus acciones, pero a final de cuentas, las despedidas siempre se tratan de destruirse el uno al otro. Ya no importa el reflejo de cada uno en los ojos del otro ni la manera en que tu mano se adueña de la mía, sino de suprimir lo mucho o poco que nos quede de amor intentando no dañar al otro. (Aunque queramos hacerlo).

Me mirabas fijamente y temblabas un poco. No habías dado tu respuesta por miedo a que todo terminara ahí, en ese instante. Si hubiéramos terminado con una pelea esto sería más tolerable porque habría un poco de odio al final, pero a nadie le gustan los finales verdaderamente tristes donde lo único que queda es un poco de decepción y las palabras que nunca nos dijimos y los besos que nunca nos dimos. Tal vez tú sólo te acuerdes del humo que salía de mi boca y de las lágrimas que poco a poco empezaron a resbalar por tu mejilla.

Lo que hace todo esto tan triste es que sólo nos enamoramos por costumbre. Lo más probable es que lo que me duela no sea tener que olvidarme de ti o ya no escuchar tu voz; tal vez lo peor de todo el asunto sea tener que conseguir a alguien más con quien venir a tomarme una botella de vino y fumarnos un par de cigarros antes de empezar a besarnos y hacer lo que suele hacer la gente que dice estar enamorada. He ahí el problema, ma chérie. Amamos el simulacro de estar enamorados, mas no nos amamos el uno al otro.

Finalmente, nos paramos de la banca en la que nos encontrábamos. Tú estabas delante de mí con todos los besos que aún querías darme, y yo ya preparaba todos los suspiros que daría hasta superar el ya no tenerte. La verdad es que yo no quiero destruirte. Sólo quiero que sigas tu camino como si no me hubieras conocido porque, aunque nos encontramos, nunca fuiste lo que yo estaba buscando.

– Te voy a extrañar –fue lo único que alcanzó a salir de tu frágil boca.

La brisa del mar azotaba la despedida. Lo último que vi de ti fue la espalda en la que tantas veces había visto resbalar la aurora, sólo que ésta vez no te voltearías para decir que me amabas.

Despedida

Originalmente publicado en El Supuesto

http://blog.elsupuesto.com/cultura/2013/04/despedida/

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About Rodrigo Javier Martínez

Abogado por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Twitter: @untalroy
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